Para los que creemos en el amor,
los ángeles no se reducen a los espíritus puros,
que Dios hiciera para gloria suya y servicio de los hombres.
Yo tengo un respeto y un cariño especial a Alf,
mi  ángel de la guarda, pero no se acaba en él.
Tengo algunos más,
estos otros que pertenecen
al mundo de los bípedos como yo,
y me acompañan y cuidan como nadie.
Algunos de vosotros los conocéis, son Manuel y Victor.

Dice la gente que a quien Dios no le da hijos,
el diablo les da sobrinos,
pero eso no va conmigo.
Nuestro Padre Dios ha querido que los dos
sean mi corazón y mi cabeza.
Puedo decir que no suelo tener miedo a nada y
ahora veo que la confianza que me aportan es decisiva.

Infatigables al desaliento
están siempre presentes en mi quehacer,
me corrigen con una delicadeza
que solo la da el amor.

Pienso que sin ellos no sería yo.
Nuestro Buen Dios sabe muy bien hacer las cosas y
para mi mayor satisfacción
son verdaderos creyentes y personas sin tacha,
trabajadores y responsables como hoy no se lleva.
Vamos, que son como poco.