Después de mucho caminar  (I. parte)

La lluvia de la tarde,
la humedad,
el camino blando que ahora piso,
trasporta mis sentidos a un lugar de reposo
donde la vida,
que el tiempo ha ido olvidando,
vuelve viva.

Vida sugerente,
agua escondida
que me invita a contemplar,
salir de mí,
para volver a entrar
calmado y sin temor. 

Sentir lo experimentado
que la vida guarda,
esperando el momento
en el que pueda verme
como mi Dios me ve.

Esta tarde, la vida pasada, emerge
reclamando su lugar
como vida viva.

El recuerdo rompe el límite
de la simple evocación
y convierte en memorial
lo que ya he sido.

No puedo olvidar,
ni negar nada de lo que he vivido,
porque ya forma parte de mi.

En este atardecer mío,
cuando el camino recorrido es mucho,
se abre simple y misterioso.
Desde el otero al que he llegado,
a la hora de la brisa,
veo como vuelve la vida a mi memoria,
reflejada en un paisaje conocido y recreado,
tan simple y tan complejo
como el decir callado de las sombras.